Wednesday, 11 December 2024

EMPENADO

Desde hace un año ando empenado, cojo de espíritu, adolorido del corazón. Y pues porqué otra cosa que por una mujer, una que me hizo a un lado cuando más la necesitaba y así, en ese momento, me mostró cuánto me quería en realidad. La verdad me lo mostró desde antes pero como el amor es ciego yo no vi ni puta mierda. Esta pena es una tristeza que llevo conmigo hace meses, no siempre a flote, pero siempre conmigo, como un reloj de bolsillo pero con la cadena muy larga y de pronto tic toc toc toc cae la pena al suelo y uno la arrastra un rato mientras camina pa la casa, mientras monta en bici en el salado, mientras se baña, mientras se da cuenta que la anda arrastrando y entonces la recoge y vuelve y se la guarda en el bolsillo y así se le olvida a uno por un rato, la pena, la hijueputa pena. Y cuando se me olvida empiezo a soñar con unos ojos bien lindos que me quieran bastante, que me miren y me miren sin cansarse, que me piensen por las noches y que les encante abrazarme. Como esos ojos de esa hamaca a los que no supe hablarles. Y así hasta que tic toc toc toc cae de nuevo el reloj, recordándome que es la hora de la pena y la tristeza, de la deseperanza.

Saturday, 27 May 2017

VOY DANDO EL SI, ASÍ COMO ASÍ

“Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro”


Alguna vez te han dicho, o has escuchado decir: si, claro que me interesa, déjeme yo organizo unas cositas y mañana en la mañana yo le devuelvo la llamadita; o si no esto exactamente, algo así muy parecido como tranquilo jefe que yo le tengo eso listo antes de las seis; y ni la llamadita ni el informe llegaron, ni en la mañana ni a las seis ni a ninguna hora. Esto es algo muy del Antioqueño, y hasta me atrevería a decir que del latino también, pero no nos vayamos muy lejos y quedémonos aquí en Antioquia que es donde vivo, por lo que lo conozco mejor que al resto de Latinoamérica. Este fenómeno, el de comprometerse con la palabra para luego no cumplir con lo prometido, está tan arraigado en nuestra cultura que nos define; es que nada mejor que un paisa para hablar carreta; y vaya créale pues. Así que si usted se crió en esta región a punta de fríjoles, huevo y arepa, ya entró perdiendo, bienvenido al mundo de: si, así como así, sin más ni más ni menos ni nada; una palabra que la vamos diciendo tan campantemente que no pensamos en las implicaciones de este acto. ¿Será qué porque la vemos tan chiquita, de dos letras no más, la tratamos tan a la ligera? El si, es pesado, más vale tener acciones y argumentos que lo soporten cuando sale de la boca o del movimiento de la cabeza arriba y abajo, porque o si no nos rompe en dos. Nuestra palabra pierde poder y nosotros, credibilidad.

Entendiendo la consciencia como la definen Paller & Suzuki en su trabajo titulado Consciousness, publicado en el año 2013. “El término consciencia denota la habilidad que posee una persona para generar una serie de experiencias conscientes, una después de la otra. Aquí incluimos experiencias de sentir y entender los estímulos sensoriales, de imaginación, de emociones y modos, de ideas, de memorias – todo el rango de contenidos mentales accesibles para un individuo”. También, partiendo de la argumentación sobre el valor de la palabra que hace el Dr. Miguel Ruiz en su libro los cuatro acuerdos; conectando esto con el concepto de ética de Gonzalo Soto Posada, concebida por él, como el cuidado de si, de los otros y de las cosas; se reflexiona en este ensayo sobre el impacto que tiene el uso irresponsable de la palabra por parte del docente en el salón de clase, específicamente en la clase de matemáticas en El Nuevo Colegio en la ciudad de Medellín.

Mediante las palabras expresas tu poder creativo; lo revelas todo. Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras. Esto lo dijo el Dr. Miguel Ruiz, el primer acuerdo de los cuatro que el plantea en su libro Los Cuatro Acuerdos, publicado en el año de las eliminatorias para el mundial de Francia, 1997. También establece en este capítulo, el primer capítulo, que la mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Tu plantas una semilla, un pensamiento, y este crece. Las palabras son como semillas. Entonces es igual de importante, esto ya lo estoy diciendo yo, el valorar la palabra como instrumento mediante el cual creamos nuestra vida, materializamos nuestros sueños, nuestras ideas, nuestro sentir y nuestros pensamientos. Es entonces, la palabra, moldeador de hombres y mujeres, alquimia en nuestras voces, capaz de transformar el plomo en oro. Además, debemos pensar en el otro, la fuerza que ejerce nuestra palabra en el otro y la influencia que podemos llegar a tener sobre nuestro entorno (si no vea el discurso de Hitler lo que generó). Asusta un poco esta inmensa responsabilidad de la cual nos apoderamos cuando hablamos, el impacto enorme que tiene la palabra en nosotros y en los demás. Lo miedoso es que nosotros somos en gran parte, inconscientes de esta responsabilidad y de el poder mágico, como lo describe en repetidas ocasiones el Dr. Miguel Ruiz, y entonces decimos cosas sin pensar mucho, cosas que ni siquiera son nuestras, que muchas veces son impuestas por unas creencias y maneras de la sociedad, palabras que pertenecen a otros y que salen de nuestras bocas precisamente porque no somos conscientes de nosotros.


“No, ya bastante miserables son ustedes; no imagino cómo podrían ser peores. ¿A qué especie de criaturas pertenecen los europeos, qué clase de hombres son? Los europeos, que sólo hacen el bien por obligación, y no tienen otro motivo para evitar el mal que el miedo al castigo...
¿Quién les ha dado los países que ahora habitan? ¿Con qué derecho los poseen? Estas tierras han pertenecido desde siempre a los algonquinos. En serio, mi querido hermano, siento pena de ti desde el fondo de mi alma. Sigue mi consejo y hazte hurón. Veo claramente la diferencia que hay entre mi condición y la tuya. Yo soy mi amo, y el amo de mi condición. Yo soy el amo de mi propio cuerpo, dispongo de mi, hago lo que me place, soy el primero y el último de mi nación, no tengo miedo de nadie y solo dependo del Gran Espíritu. En cambio, tu cuerpo y tu alma están condenados, dependen del gran capitán, el virrey dispone de ti, no tienes la libertad de hacer lo que se te ocurra; vives con miedo de los ladrones, de los falsos testigos, de los asesinos; y debes obediencia a una infinidad de personas que están por encima de ti ¿Es verdad o no es verdad?


El anterior texto lo tomé de Memoria del Fuego, un libro de Eduardo Galeano que se publicó por primera vez en España en 1982. No tienen otro motivo para evitar el mal que el miedo al castigo, decía el rey hurón al colonizador francés. Alguien que actúa de esta manera, como el colonizador, es alguien que no se mueve por si mismo, es alguien sin convicción; sus pasos no nacen de él sino que son empujados por algo o alguien que está por fuera de él. Hoy, en estos tiempos, somos esclavos de unas culturas y unas maneras que nos fueron impuestas, que nos trajeron de regalo desde Europa hace ya más de 500 años. Y somos esclavos y no lo sabemos, y ahí nos quedamos, y no nos queremos; no hay un YO autónomo y plantado como un cedro que escoge sus pasos. Somos esclavos de una cultura que se nos ha vendido con palabras, creada a través del lenguaje, y en este lenguaje crecimos y nos cultivamos. Somos tramposos y mentirosos, nuestra palabra se irrespeta a si misma porque si, porque ajá, porque en medio de eso nos levantamos y ese medio (miedo) somos nosotros, somos profesores de matemáticas que prometemos cosas que no cumplimos, que enseñamos a decir mentiras y a decir cosas a la ligera. Es que somos eso, ya está grabado en nuestra piel ¿Y como aprender el valor de la palabra si lo borramos de nuestra existencia, si pensamos que la palabra es para comunicarme y ya? Son pocos los maestros, y no me refiero solo a los docentes, quienes son impecables con su palabra; son estos maestros, los que necesitamos en los colegios antioqueños, en las clases de matemáticas de El Nuevo Colegio. Esto es una labor que debe realizar cada uno con sigo, mirarse y transformarse conscientemente en un portador de la verdad, de la palabra creadora.

Presentación (diapositivas)

Tuesday, 23 May 2017

Poniéndole las Bolas a los Cuernos

La semana pasada estuvimos en clase de introducción, en la sala de computadores, compartiendo ideas sobre un texto de Ortega y Gasset, el cual debíamos haber leído para la clase. El texto se titula La Falsedad de Estudiar, ni más ni menos. Pues les cuento que de entrada me cayó lo más de bien este Ortega y Gasset que no son dos sino uno solo que se piensa en plural, como Zack, unos amigos míos que viven por allá pal norte. Los colegios dicen así con pecho arriba, lo mismo que el mentón, que todo lo hacemos por y para los niños, que queremos graduar seres integrales capaces de ser presidentes, médicos, ingenieros y todas esas cosas; que mentira tan hijuemadre. El documento dice que el verdadero estudiar es buscar respuesta a una inquietud que se germinó dentro de uno, algo que nació en nosotros, y que en cambio lo que estudiamos no nos nació estudiarlo; la necesidad de estudiar es impuesta y a dar clase a esos estudiantes que no quieren clase (pero y quien los culpa encerrados en una jaula, asfixiados en cordilleras y capitales, binomios al cuadrado y ribosomas; oxígeno que me muero). Es que yo estoy más de acuerdo con este Ortega y Gasset que un verraco. Y los intereses del estudiante? Y si al estudiante le interesa estarse moviendo constantemente por el colegio desarrollando un sin fin de actividades? Por qué entonces pareciera que educamos soldados que deben seguir instrucciones y órdenes sin cuestionar mucho?

Si yo tuviera que ponerle un título a ese documento estaría entre: El Menester de Educar,
No Quiero Ir al Colegio y El Invento del Siglo: Sistematización de la Educación. El último obvio que es un sarcasmo de aquí a la luna pero igual lo pondría así, así el lector no la coja de una.

En medio de la conversación que teníamos en la sala de computadores, que esa noche estaba custodiada por una princesa, surgieron dos nombres de los cuales solo el de Nietzsche había oído con anterioridad, el otro fue Rainer Maria Rilke, un poeta, un hombre, no se deje engañar por el Maria (es como el que se llama Jesus, no quiere decir que sea un santo). Rainer era un romántico perdido en los alientos de Andreas Salomé, una mujer a la que se tuvo que pelear con el mismo Nietzsche y Freud. A la final no se quien se habrá quedado atendiendo a Salomé en esos despertares mañaneros, nada raro ninguno de los tres. Lo que si es muy cierto fue algo que le dijo Rilke a Salomé en una de sus cartas: "mientras yo no me abrace a mi mismo, yo no puedo abrazarla a usted", como quien dice espéreme que yo todavía no estoy listo. Definitivamente si se necesitan unas bolas muy grandes para decirle a la chimbita que le gusta a uno que nada, que todavía no porque yo se que sería un fracaso, y uno con esas ganas, que tan jodido este Rainer, verriondo.

De Nietzsche leí un fragmento de un texto que él tituló: Sobre el porvenir de nuestras instituciones educativas. Hablaba sobre un viejo sabio que sermoneaba a dos jóvenes acalorados que se encontraban a punto de entrar en un duelo, porque esas eran las maneras del lugar y de la época y entonces nos damos a la salida. El viejo les decía que la violencia no era la salida, que pilas pues que ellos eran el futuro y los encargados de sembrar la semilla, que dejaran de andar como hojas que navegan las corrientes de un rio, que para eso tenían pies, para plantarse y cambiar de dirección. Así mismo nos pasa con la educación, la sociedad nos impone unas maneras de estudiar y unos contenidos, y pues a los estudiantes les toca porque los papás dicen que hay que ir al colegio y los papás están convencidos que ese es el camino porque es el mismo que se ha caminado desde hace décadas y mire como vamos de bien con este planeta que casi ni puede respirar, una maravilla. Si, nos clavaron los cuernos en las bolas.


Friday, 12 May 2017

Cuando no hay balón, bailamos

Inolvidable


PRESENTACIÓN DEL TRABAJO FINAL

VOY DANDO EL SI, ASÍ COMO ASÍ


Alguna vez te han dicho, o has escuchado decir: si, claro que me interesa, déjeme yo organizo unas cositas y mañana en la mañana yo le devuelvo la llamadita; o si no esto exactamente, algo así muy parecido como tranquilo jefe que yo le tengo eso listo antes de las seis; y ni la llamadita ni el informe llegaron, ni en la mañana ni a las seis ni a ninguna hora. Aquí no se salva nadie de esta región, este fenómeno está tan arraigado en nuestra cultura que nos define; es que nada mejor que un paisa para hablar carreta, el problema es creérsela, ahí si difícil con este montón de ganaderitos mentirosos. Así que usted, por el solo hecho de haber nacido en esta región y haber sido levantado a punta de fríjoles, huevo y arepa, ya entró perdiendo, bienvenido al mundo del, si, así como así, sin más ni más ni menos ni nada, una palabra que la vamos diciendo tan campantemente que no pensamos en las implicaciones de este acto. ¿Será que por que la vemos tan chiquita, de dos letras no más, la tratamos tan a la ligera? El si, es pesado, más vale tener acciones y argumentos que lo soporten cuando sale de la boca o del movimiento de la cabeza arriba y abajo, porque o si no nos rompe en dos. La palabra pierde poder y nosotros, credibilidad.

¿Qué clase de educación estamos brindando en Antioquia, a nivel primaria y secundaria, en medio de incoherencias? Antes de llegar a las conclusiones (que no se encuentran en este papel) abordaremos esta problemática desde distintos ángulos. Antes que nada empezaremos con la historia, buscaremos la raíz de este comportamiento paisa (¿latinoamericano?) y así entender este actuar que cargamos en nuestro equipaje cultural. Además, nos acercaremos a la educación, a las aulas antioqueñas, y la miraremos desde la ética como su eje central, concibiendo la ética como el cuidado de mi, el cuidado de los otros y el cuidado de las cosas. Reflexionaremos sobre los efectos que tiene este fenómeno en la comunicación estudiante-profesor, basados en lo planteado en este párrafo y en el anterior.


El producto de este proyecto será un escrito que invite a la reflexión y llame a la consciencia del maestro, que deje cabezón al lector y lo lleve a confrontar su yo y su labor en la comunidad, y de pronto, siendo muy soñadores, que genere un cambio y consciencia al momento de utilizar la palabra como medio de comunicación.


Anexo diapositivas de apoyo para la presentación:

Diapositivas



Wednesday, 19 April 2017

COMO PIEDRAS RODANTES



Había una vez un domingo que se despertó gris y con ganas de llorar, no se por qué. Yo en cambio si lo recibí con un hambre de aquí a la luna, tampoco se por qué; pero bueno, el hambre me lo quité con un huevo revuelto y dos tajadas de pan de avena con miel de abejas y un vaso de jugo de naranja del de “De 1”. Después del desayuno, la ducha y la empacada de la maleta, no necesariamente en ese orden, arranqué en mi bicicleta con rumbo a la universidad, en donde me esperaba el poeta de la educación física junto con el resto de compañeros, listos para salir a navegar por los rincones ignorados de una ciudad asmática que apenas puede respirar. La mañana aun era fresca, el viaje en bici a la universidad fue bueno y ni se diga de la mona de indumentaria morada que trotaba por la ciclo-ruta de la 65, estaba más buena que la pizza de anoche; ni siquiera me dio rabia que ocupara uno de los carriles asignados exclusivamente para bicicletas, antes le agradecí por tan bonito detalle de llevar un top que mostraba su espalda adornada con pecas a la altura de sus hombros.

Llegué a la universidad en una pieza gracias a la bendición que me dio mi mamá antes de salir de la casa, y con el espíritu por las nubes, que por alguna razón se mostraban moradas a la luz de mis ojos. La mayoría de compañeros ya estaban expectantes, reunidos alrededor de un árbol de mangos que no tenía mangos. El profe llegó poco después de mi y nos sentó a todos en un murito, quedamos como formando una herradura pero con esquinas, como un cuadrado sin uno de sus lados, escuchándolo, tan lírico como las hojas de los árboles que movía la brisa, contándonos el objetivo del viaje; para qué es que nos íbamos a montar todos en esa nave y por qué íbamos a rodar por la ciudad bajo esas nubes moradas que no daban tregua, que amenazaban con estallar en llanto en cualquier momento.

La comuna 13 fue nuestra primera parada, llegamos a una cancha de arenilla que apenas despertaba con las voces de chicos que cambiaban sus vestiduras en una calle contigua; se vestían de verde, de ímpetu y de esperanza, dejaban a un lado sus problemas y angustias para compartir con sus pares un momento saludable en una cancha de fútbol lejos de las plazas, de sus barrios y casas. Esta cancha se convierte entonces en una pócima mágica para la mayoría de jóvenes que ahí juegan, un lugar en el que se cambian pesadillas por sueños de campeón de la Liga Águila y una casa nueva para la cucha. En las tribunas de esta cancha un solo espectador, un madrugador que salió a caminar para no hacer mucho ruido en casa mientras los demás aun dormían, y se encontró con un enfrentamiento entre verdes y azules, y ahí se quedó, en la fría tribuna de cemento, en su cabeza, perdido en un partido que no ofrecía muchas emociones a los que miraban desde afuera, únicamente a aquellos que calzaban guayos y medias blancas hasta las rodillas llenas de arena.



La nave volvió a prender motores y los 30 investigadores liderados por el poeta y sus asistentes tomaron asiento en ella para continuar su expedición. El sol nada que asomaba pero igual nosotros ya habíamos entrado en calor; la gente pedía música desde sus asientos y el piloto nos regaló un reggaetón, alegría para muchos y desgracia para otros; gracias a Dios por las ventanillas y los ojos de investigador que se perdían en una ciudad que se iba llenando poco a poco de caminantes que llevaban una hoja de palma en sus manos, para celebrar la muerte y resurrección de aquél que lavó nuestros pecados, según proclaman algunos ricos mentirosos que construyeron su “humilde” imperio por los lados de Roma. Por los lados de la comuna 13 hay unas escaleras eléctricas que fueron donadas por los japoneses ya que a nuestro gobierno apenas le alcanza la plata para sostener las fincas de nuestros líderes, así que una limosnita por favor y arigato. Estas escaleras fueron nuestra segunda parada. Antes de comenzar nuestro ascenso, nos cruzamos con una placa polideportiva que era observada desde la puerta de una casa por un niño en chanclas que pisaba un balón desinflado, es que en la comuna 13 hasta el aire es escaso. Lo invitamos a jugar y el niño no lo dudó, saltó inmediatamente a la cancha con sus chanclas y con su balón, y así jugamos hasta el dos dos. Comenzamos nuestro ascenso por las empinadas calles del barrio al encuentro con las escaleras; a medida que avanzábamos, los muros y las paredes se llenaban de colores y fantasías, en cada esquina estaba el sueño de un artista que intentaba transmutar la violencia de su hogar a través de un spray y un pincel. A esta hora de la mañana ya habían señoras barriendo la entrada de sus casas y señores tomando tinto (cerveza en el caso de los más osados) en las tiendas del barrio, mientras hablaban con un vecino y esperaban a sus señoras que venían de ramo en mano dispuestas a caminar detrás de un muñeco, quien sabe por cuanto tiempo. Llegaron las escaleras, con techo y todo para que la gente no se electrocute cuando llueve. Color naranja era el techo y parecía el núcleo de una onda circular, como cuando uno tira una piedra a un lago o a una piscina y las ondas circulares se expanden. En el caso de la 13 estas ondas son de todos los colores y dejan su alegría plasmada en las paredes, en un intento por cubrir el dolor de guerras pasadas y de mostrarse linda para cuando van los monos con dólares en los bolsillos y cámaras en sus manos; las ondas se expanden colina arriba y colina abajo, hasta llegar a lugares más llanos donde habitan gentes más conservadoras que aborrecen el grafiti y los muros de colores, entonces la onda se desvanece.

Siguiente estación: Manrique y el parque de Guadalupe, ocupado por canchas de microfútbol y de basket, por columpios y tolditos que venden gaseosa y mecato. Las canchas ocupadas por los más jóvenes y fuertes, que juegan cinco contra cinco y gastan cerveza al equipo ganador; los tolditos y las bancas aledañas las ocupan los más adultos y sabios, que se la pasan tomando tinto y viendo pasar gente, hablando del pasado y del presente, opinando de fútbol y del presidente: Santos triplehijueputa. Los columpios se balancean con niños alegres que juegan a tocar las nubes con sus pies, también con los versos de amantes adolescentes que suben al cielo y vuelven con una sensación en el estómago que al parecer solo desaparece con un beso. Además está el solitario, sentado solo en una banca mirando pal frente, clavado en sus pensamientos comiendo mango con limón y sal, pero ni el limón ni la sal, ni nadie en ese parque, parece tocarlo, su expresión es plana, como si hubiera parqueado el cuerpo ahí para dejar este mundo material con sus partidos de micro y sus viejitos tomando tinto, para irse a volar quien sabe a donde, ojalá a lugares bien bonitos donde el sol se muestra desde las cuatro de la mañana hasta las nueve de la noche, que en ese lugar serían de la tarde.

Capítulo tres: el Balcón de los Artistas. Pues la verdad el balcón no es muy grande, ni tampoco los dos salones de baile, pero la labor que allí se desarrolla es inmensa. El balcón del artista es un espacio para que bailen las almas y transformen el dolor, la alegría y el sufrimiento en movimiento, por lo general al ritmo de la salsa. Los niños del balcón cantan con su cuerpo, a moco tendido como dicen por ahí. Con sus cuerpos cuentan sus amores, sus penas, sus sueños; se muestran transparentes y se rinden al mundo entregándolo todo, nos dicen: vea, este soy yo, vengo del barrio La Cruz y me llamo Jonathan, no le tengo miedo a nada porque me muevo con el viento, simplemente me dejo llevar por él confiando ciegamente en sus corrientes; con lágrimas y sudor lavo mis penas para poder cruzar las puertas del paraíso, es que para entrar allá hay que lavarse primero, y si llega bailando salsa lo dejan entrar por un ladino.




Por último la nave hizo una parada en el circo de Medellín, a orillas del Cerro Nutibara. Aquí le celebramos el cumpleaños número dos a Manuela y recreamos la tarde disfrutando de cuerpos ágiles y flexibles, fuertes y expresivos, ligeros. Al que le alcanzó la plata comió crispetas durante el show mientras que el resto lo pasamos con el agua del vecino. Aprendimos otras formas de educar y recrear el cuerpo, a través de las piruetas y los malabares, del baile, de la música, sin necesidad de un balón.

Saturday, 4 March 2017

DIRECTO A LA COMUNICACÓN



“directo al grano”
Anónimo

Me puse a buscar definiciones de La Comunicación Directa en la World Wide Web antes de enfrentarme a escribir este ensayo con la idea de afianzar bien el significado y no quedarme solamente con lo que me entregó el video, pero después de leer la primera definición me dije: de estas definiciones me voy a encontrar tantas y tan distintas como autores y blogueros hay en internet, así que decidí quedarme con las imágenes y por ahí derecho reforzar el dicho que dice (porque si no dijera no sería un dicho) una imagen vale más que mil palabras. Ahora imagínese como cien imágenes por segundo durante cuatro minutos, valdrían más de dos millones cuatrocientas mil palabras más o menos, y pues que mejor que este mundo de palabras para empotrar mi ensayo. Entonces para no perder más tiempo y batería empecé a escribir así de una lo que me saliera de La Comunicación Directa teniendo en cuenta únicamente lo que recordaba del video y lo que trabajé la clase pasada durante el ejercicio de improvisación, que en otras disfruté mucho a pesar de que no lo hice tan bien como creí que lo iba a hacer, es que me dispersé en medio de la improvisación y se me olvidó como era que iba a cerrar y nunca cerré, es más, me interrumpieron diciendo que listo que muchas gracias que el tiempo ya se me había acabado y con él mi ejercicio de improvisación, pero apenas me relajé y me dispuse a sentarme el profe volvió y me dijo que siguiera hablando otro poquito; que quiebre de cintura, me dejó tirado ahí en el campo de clase, al frente de todos, yo no sabía si cambiar de tema y contarles de la vez que mi abuela cascó a un ladrón con la cartera o si ponerme a hablar más de La Comunicación Directa, a propósito de la cual debo escribir en este ensayo y hasta ahora no he dicho mucho que digamos, así la haya mencionado tres veces ya.

Definitivamente hay cosas que son mejor decirse de frente, mirándose a los ojos para darse cuenta de todas esas respuestas tan genuinas que dan los gestos y las reacciones del cuerpo, del cual no somos tan conscientes cuando estamos hablando con alguien o haciendo algún trabajito para ganarnos unos pesitos extra. Y eso es lo bonito del cuerpo, que habla con una transparencia que da miedo, uno sin decir una palabra y el cuerpo ya saludó se presentó dijo que le gustaba y que no. En La Comunicación Directa cada palabra, o cada frase para no ser tan exagerados, va cargada de un sentimiento y emoción, sobre todo para un perceptor así bien meticuloso como el profe. No se me ocurre una manera más directa y certera de comunicarse con una persona que frente a frente, compartiendo el mismo espacio y tiempo; por ejemplo con el mismo frío si se estuviera uno comunicando con alguien en Santa Elena a eso de las once de la noche y sin ningún ron que calentara cuerpo y alma y enloqueciera la mente, por lo menos un poco. Una comunicación efectiva depende totalmente de la verdad, por eso comunicación y verdad se escriben ambas con “a” y por eso el cuerpo presente en La Comunicación Directa tiene un rol tan importante; las palabras solas, sin el cuerpo, disfrazan y esconden más fácil la verdad. El cuerpo mejor dicho si va directo al grano, por lo menos para un buen lector. Este, el cuerpo, mete las patas o las saca, dependiendo si uno ve el vaso medio lleno o medio vacío y dependiendo obviamente de la intensión de las palabras. Si la intención es enredar al otro con cuentos chinos sin siquiera hablar mandarín es ahí donde el cuerpo las mete, pero cuando la intención es hablar la verdad entonces ahí es cuando el cuerpo las saca y en cambio mete es el corazón.

Es claro que no todo hay que decirlo desde el corazón ¿o no? ¿o si? Bueno, por lo menos es claro que hay mensajes que no necesitan estar cargados de tanto sentimiento y emoción y pues ahí la mejor opción sería nuestro mejor amigo gringo el whatsapp o el viejo correo electrónico que vendría siendo como el bisabuelo del whatsapp. Por ejemplo para decirle al jefe que buenos días, que anexo el informe solicitado para el día de hoy, atentamente, Juanita; o para preguntarle a la mujer que si llevo cuatro aguacates y limones o que si mejor llevo el guacamole ya listo que viene en una bolsita como la de la mayonesa pero transparente; ni riesgos de trasladarse desde el mercado hasta la casa solo para mirar a la esposa a los ojos, cuerpo a cuerpo, y preguntarle semejante burrada, pues obvio que el aguacate y los limones! y que no se le vaya a quedar el cilantro ni la cebolla de rama porque ahí si sería mejor servir esos nachos con salsa de tomate. Hay momentos en que es mejor, me atrevería a decir que necesaria, la comunicación directa y hay otros en que es una ventaja utilizar estas herramientas prácticas desde la distancia.


Como decía un filosofo amigo de un amigo mío en Envigado: mucho de cualquier cosa es malo, ya sea mucho guacamole o mucho mensaje de texto o mucho frente a frente para decir cualquier cosa, hay que ser sabio y saber cuando, como y cuantas veces usar las diferentes caras de la comunicación. Que quede cara, digo sello, digo claro, aquí solo estipulo que hay que ser sabio más no estoy diciendo como serlo, eso sería otro ensayo o este mismo pero más largo y para este ejercicio el profe fue muy claro y dijo que el ensayo debía ser de más de una hoja pero sin irse a pasar de las dos, y en este ejercicio no pienso repetir el mismo error de la improvisación y pasarme del límite, por más bueno que este pasando aquí echando carreta.